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La mina guatemalteca Cerro Blanco, ubicada en una zona fronteriza con El Salvador, tenía permisos de explotación desde 2007 por el Ministerio de Medio Ambiente de Guatemala. Buscó oro y plata, pero hasta la fecha solo encontró aguas termales con arsénico y otros metales pesados que son altamente tóxicos. Ambientalistas han advertido de la presencia de arsénico en las aguas del río Ostúa y del lago de Güija, encontrado en monitoreos.

El agua del río Ostúa llega desde Guatemala hasta el lago de Güija y de ahí sale hacia el río Lempa. Ese río es el más importante proveedor de agua para el consumo de los salvadoreños, para regar los cultivos que se convierten en comida, para generar electricidad y para las especies de flora y fauna. Mientras tanto, el gobierno del FMLN se fue sin insistir en un acuerdo con Guatemala para prevenir las consecuencias de la minería transfronteriza. El nuevo gobierno de Nayib Bukele aún no ha retomado el tema.

 

El río Lempa nace en Guatemala y abastece de agua a nuestro país en un 56%, según datos oficiales. En otras palabras, el Lempa provee gran parte del agua potable que utilizamos en las viviendas salvadoreñas, hace posible la producción de energía eléctrica que consumimos, abastece el agua para regar los cultivos que luego se convierten en la comida de nuestra mesa y es fuente de vida para especies de flora y fauna en su recorrido de 360.2 kilómetros.

Ambientalistas, líderes comunitarios y habitantes de Asunción Mita han advertido que en el lago de Güija y el río Lempa fue encontrado un químico natural y tóxico llamado arsénico. La única explicación lógica es que llegó al lago y luego al río por la actividad en la mina Cerro Blanco. Esa era razón suficiente para venir hasta el lugar de origen, hacer algunas preguntas y documentar la contaminación de nuestras aguas. Pero observar, hacer apuntes en mi libreta y tomar fotografías es arriesgado.

Rápido descubrimos que detrás del microbús nos sigue, despacio y de lejos, un picop blanco, doble tracción y con los vidrios polarizados. Uno de nuestros guías lo reconoce y señala que "es un vehículo con personas de seguridad" y armadas, que trabajan para la empresa que es dueña de la mina Cerro Blanco.

Técnicos de la mina Cerro Blanco observan el enfriamiento de las aguas termales. /Foto Karla Rodas
Mirna Pérez es una de las mujeres que hace monitoreo en el lago.
Con microscopio, las mujeres monitorean la calidad del agua del lago de Guija.

Muestras recolectadas por las mujeres en el lago de Guija.
Original: Gatoencerrado
 
 
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